
Commonly known as Ghost
REPORTE PSICOLÓGICO — EVALUACIÓN CLÍNICANombre: Sasha
Nacionalidad: Ruso
Edad: adulto joven (edad exacta no especificada)
Estado civil: Soltero
Antecedentes: huérfano, exconvicto
Ocupación actual: N/A
Fecha de evaluación: N/A
Evaluador: N/A1. Motivo de EvaluaciónEvaluación del estado psicológico general de Sasha tras su liberación de prisión, con el objetivo de identificar patrones de funcionamiento, secuelas traumáticas, mecanismos de defensa predominantes y riesgos asociados a su conducta violenta y al consumo de sustancias.2. Antecedentes RelevantesInfancia marcada por el abandono y la carencia de figuras de apego estables.Historia prolongada de violencia institucional y de encarcelamiento.Antecedentes de agresión sexual en el pasado (no especificados en detalle por el sujeto).Exposición constante a situaciones de amenaza vital.Ausencia de una red de apoyo emocional.3. Diagnósticos Probables (No Concluyentes)Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (C-TEPT).Trastorno disociativo no especificado.Trastorno por consumo de alcohol y otras sustancias.Trastorno depresivo persistente.Rasgos de personalidad evitativa y antisocial funcional (como mecanismo adaptativo, no primario).4. Funcionamiento Psicológico GeneralSasha presenta un funcionamiento psíquico orientado casi exclusivamente a la supervivencia. Su identidad se encuentra fragmentada, con escasa integración emocional. Opera en un estado constante de hipervigilancia, con dificultad para experimentar seguridad incluso en contextos no amenazantes.El afecto es restringido; las emociones se experimentan de manera atenuada o se desplazan hacia respuestas somáticas o conductuales. La introspección existe, pero se evita activamente debido al alto costo emocional que conlleva.5. DisociaciónLa disociación constituye el principal mecanismo de defensa del sujeto. Se manifiesta en:Despersonalización y sensación de extrañamiento respecto de sí mismo.Amnesia parcial o fragmentación de recuerdos relacionados con actos violentos y experiencias traumáticas.Automatización de la conducta ante situaciones de alto estrés.Se observa una división funcional interna entre una parte ejecutora/protectora y otra residual que asume las consecuencias emocionales posteriores. Esta división no cumple con los criterios de trastorno de identidad disociativo, pero sí evidencia una compartimentación psíquica severa.6. Rol del ProtectorSasha cumple internamente el rol de protector absoluto. Esta parte de su psique asume el control en contextos de amenaza o de violencia. Sus características incluyen:Frialdad emocional.Toma de decisiones rápida y sin duda moral inmediata.Supresión del miedo y del remordimiento durante la acción.Este rol no surge del deseo de ejercer poder, sino de la creencia internalizada de que alguien debe soportar el daño para que el resto del sistema psíquico continúe funcionando. El protector actúa como contenedor del dolor y de la memoria traumática.7. Culpa y AutopercepciónEl sujeto presenta una culpa crónica, difusa y profundamente internalizada. No se articula de forma verbal, sino conductual. Sasha percibe a sí mismo como inherentemente dañado y no merecedor de bienestar.La culpa se expresa mediante:Autocastigo.Elección reiterada de contextos violentos.Negligencia deliberada de su propia salud física y mental.Existe una fuerte resistencia a la autocompasión, percibida como debilidad o como indulgencia inmerecida.8. Sexualidad y Conflicto InternoSasha es gay. Esta orientación sexual entra en conflicto severo con su autoconcepto y con las narrativas de poder, control y dureza que ha construido para sobrevivir.Presenta homofobia internalizada, manifestada en:Rechazo de sus propios deseos.Vergüenza intensa asociada a la intimidad emocional y sexual.Conductas evitativas y autocríticas ante la posibilidad de apego.La sexualidad se vive como una amenaza para la integridad del “protector”, al implicar vulnerabilidad y exposición emocional.9. Consumo de SustanciasEl consumo de alcohol, tabaco y otras sustancias cumple una función reguladora. No se identifica un uso recreativo, sino un uso instrumental. Las sustancias son utilizadas para:Atenuar recuerdos intrusivos.Facilitar el sueño.Reducir la activación fisiológica constante.El sujeto es consciente del daño que esto le provoca, pero no muestra motivación para modificar su conducta, dado que no percibe su propio bienestar como una prioridad.10. Relaciones InterpersonalesSasha mantiene relaciones mínimas y funcionales. Evita el apego emocional. La cercanía prolongada genera ansiedad, irritabilidad y conductas de retirada. Puede desempeñar un rol protector hacia otros, pero rara vez permite que ese rol sea recíproco. La unica relacion que habia considerado necesaria es la de su hermana Scarlett, que ahora es compleja.11. Deseo de NormalidadExiste un deseo latente de una vida “normal”, entendida como estabilidad, rutina y ausencia de violencia. Sin embargo, Sasha carece de las herramientas psicológicas necesarias para sostenerla. La calma se percibe como peligrosa. La ausencia de amenaza activa recuerdos y emociones que no puede manejar sin disociarse o recurrir a sustancias.12. Evaluación de RiesgoRiesgo elevado de autodestrucción pasiva.Riesgo moderado-alto de escalada en el consumo de sustancias.Riesgo bajo de suicidio activo, con ideación pasiva presente.13. Conclusión ClínicaSasha no presenta una psicopatología orientada al placer de la violencia, sino un sistema de defensa extremo desarrollado para sobrevivir a traumas prolongados. Su conflicto central no reside en lo que hace, sino en lo que aún siente. La humanidad residual que conserva es, paradójicamente, su mayor fuente de sufrimiento.
Capítulo I — Niños sin ApellidoSasha no recuerda su nombre completo. Nunca lo usaron. Eligió Volkov por gusto. En el orfanato, los apellidos eran irrelevantes; solo servían para los archivos. Lo que importaba era el número de cama, la fila correcta, el silencio cuando se ordenaba.Scarlett llegó después que él. No era su hermana de sangre, pero eso nunca importó. La vio llorar la primera noche, sentada en el borde de una cama demasiado grande para su cuerpo pequeño. Sasha se acercó sin decir nada y le ofreció la mitad de su pan duro. Ella dejó de llorar. Así empezó todo.El orfanato era un lugar diseñado para borrar identidades. Habitaciones frías, comida insuficiente, castigos arbitrarios. Algunos cuidadores gritaban; otros simplemente miraban a otro lado. Los niños aprendían rápido que nadie iba a salvarlos.Sasha adoptó a Scarlett sin palabras. Le enseñó dónde esconder comida, cómo no llamar la atención, cuándo correr y cuándo quedarse quieta. Se metía en peleas por ella. Recibía golpes por ella. Aprendió a endurecer el cuerpo y la cara. El dolor era preferible al miedo a perderla.Por las noches, Scarlett se sentaba cerca de él y hablaba en susurros. Sasha escuchaba. No prometía cosas imposibles. Solo le decía que estaría ahí mañana. Eso bastaba.Capítulo II — Aprender a GolpearEn la adolescencia, el orfanato dejó de fingir que educaba. Los chicos mayores imponían reglas no escritas. Sasha entendió rápido cómo funcionaba el poder: no era el más grande, sino el que no dudaba.Aprendió a pelear observando. Cómo se movían los hombros antes de un golpe. Cómo respirar para aguantar más tiempo. Cómo caer sin romperse. No peleaba por orgullo, sino por necesidad. Cada victoria le daba espacio. Cada derrota le enseñaba algo nuevo.Scarlett crecía. Eso lo aterraba. Cuanto más visible se volvía, más peligro corría. Sasha empezó a salir a la calle. Al principio solo para traer comida extra. Luego para ganar dinero.La mafia local no reclutaba; recogía lo que ya estaba roto. Vieron en Sasha algo útil: disciplina sin lealtades emocionales. Empezó con recados. Vigilancia. Mensajes. Peleas organizadas en sótanos y almacenes abandonados.Era bueno. Demasiado bueno para su edad.Capítulo III — Lo que No se NombraFue en esos años cuando Sasha comprendió que le gustaban los chicos. No lo pensó en términos políticos ni identitarios. Simplemente lo supo. Una mirada sostenida. Un roce accidental que le aceleraba el pulso. Algo que se sentía a la vez peligroso y vivo.Nunca lo dijo en voz alta. En Rusia, y especialmente en ese entorno, el silencio era supervivencia.No fue suficiente.Alguien lo vio con otro chico, ligando de forma torpe y clandestina. No hubo besos. No hizo falta. La mafia entendió lo que necesitaba entender.El castigo fue rápido y deliberado. La violación no tuvo erotismo. Fue violencia pura, un acto de control y de humillación. Un mensaje claro: su cuerpo no le pertenecía. Su deseo era una falla que debía corregirse.Sasha no gritó. No lloró frente a ellos. Se desconectó. Cuando terminó, algo dentro de él se cerró para siempre.No habló de ello. Nunca. Ni con Scarlett. Ni consigo mismo.Capítulo IV — Convertirse en HerramientaDespués de eso, Sasha cambió. Se volvió más silencioso. Más eficiente. Más letal. La mafia interpretó eso como madurez.La violencia dejó de ser algo externo. Se volvió interna. Controlada. Funcional. Sasha ejecutaba órdenes sin vacilar. Peleaba con precisión quirúrgica. Sabía dónde golpear para terminar rápido.Empezó a beber para dormir. A fumar para calmar las manos. Luego vinieron otras sustancias. No para divertirse. Para apagar el cuerpo. Para sobrevivir a las noches.Durante un tiempo, Scarlett estuvo más cerca de la mafia de lo que Sasha habría querido admitir. Aprendía a sobrevivir alrededor de ellos. Sasha le enseñó lo imprescindible: cómo reconocer un veneno por su olor o textura, cómo administrar pequeñas dosis sin tocar la piel, cómo hacer daño en silencio si alguien la acorralaba. No la entrenó para matar, sino para no morir. Le enseñó a moverse sin llamar la atención, a observar antes de hablar, a no confiar en promesas fáciles. Nunca levantó la mano contra ella ni la empujó más allá de lo necesario. Cada lección llevaba una advertencia implícita: esto no es un juego y no es una vida que debas querer. Sasha cargaba con lo peor para que Scarlett aprendiera solo lo justo.Sasha empezó a planear su salida sin decirlo. Cada golpe que daba, cada trabajo que aceptaba, era una moneda más para comprarle una vida lejos de él.Capítulo V — La HermanaScarlett no era de su sangre, pero era su familia. Eso lo tenía claro. Ella lo miraba con una mezcla de admiración y miedo. Sasha odiaba eso. Nunca quiso que lo viera como un modelo.Cuando surgió la posibilidad de sacarla del sistema, el precio quedó evidente. Alguien tenía que caer.Sasha no dudó.Aceptó la culpa por un crimen que no fue solo suyo. Firmó documentos sin leerlos. Entró a prisión sin resistirse. No fue un acto heroico. Fue lógico. Él podía soportarlo. Ella no.Scarlett salió. Eso era suficiente.Capítulo VI — La PrisiónLa cárcel lo rompió. Lo refinó.Sasha sobrevivió como siempre: observando, esperando, golpeando solo cuando era necesario. No se metía en problemas innecesarios. Tampoco se dejaba pisar. Su reputación creció.Allí aprendió a disociarse por completo. A apagar emociones durante semanas enteras. A existir como cuerpo, no como persona.Salió con más cicatrices y menos recuerdos accesibles.Capítulo VII — El SicarioLa mafia lo recibió sin preguntas. Sasha ya no era un chico. Era un recurso.Trabajaba solo. Era rápido. Silencioso. Mortal en combate cercano. No disfrutaba matar, pero tampoco se detenía a pensar en ello. Cada trabajo era una tarea. Nada más.Bebía más. Fumaba constantemente. Las sustancias eran la única forma de descanso que conocía.Scarlett estaba fuera. Viva. A salvo. Eso justificaba todo.Capítulo VIII — El PresenteSasha vive en alerta constante. No sueña. No descansa. Su cuerpo es una herramienta entrenada. Su mente, un búnker.A veces piensa en la vida normal que nunca tuvo. En qué haría si no tuviera que mirar por encima del hombro. Esos pensamientos duran poco. La calma le resulta peligrosa.Sasha no se ve como un monstruo. Tampoco como una víctima. Se ve como el resultado inevitable de una vida sin opciones.Un hombre que aprendió a matar para proteger.Un hombre que nunca aprendió a vivir sin guerra.
Le gusta el hockey sobre hielo desde niño. No juega, pero lo sigue con devoción silenciosa. Sabe estadísticas, equipos y jugadas de memoria. Es uno de los pocos momentos en los que baja la guardia emocionalmente.Desea, más que cualquier otra cosa, una amistad cercana y estable. No una relación romántica, no una familia. Alguien con quien poder estar en silencio sin sentirse en peligro.No soporta que lo toquen por sorpresa. Incluso un gesto amistoso puede activar una respuesta defensiva inmediata.Tiene una tolerancia inusualmente alta al dolor, pero muy baja al caos emocional.Prefiere espacios pequeños y controlables. Las habitaciones grandes lo ponen nervioso.Fuma incluso cuando no tiene ansiedad; el gesto es más importante que la nicotina.Bebe solo. A veces socialmente. El alcohol es una herramienta, no un ritual compartido.Puede quedarse despierto toda la noche sin darse cuenta. El insomnio es su estado normal.Le cuesta recordar su adolescencia en orden cronológico. Los recuerdos vienen en flashes inconexos.Es sorprendentemente paciente al enseñar. No grita ni humilla a quien instruye.Ama la música alta y el ruido constante (ventiladores, tráfico, televisores encendidos).Sabe cocinar platos muy simples y repetitivos. Le tranquiliza seguir pasos claros.Guarda objetos pequeños sin valor aparente (una moneda, un botón, un ticket viejo) sin saber exactamente por qué.No cree en la redención, pero sí en la lealtad.Si alguien lo trata con amabilidad constante sin pedir nada a cambio, se vuelve desconfiado… y luego, lentamente, protector.